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Las causas del cáncer: El efecto Warburg (II)

En un artículo anterior expliqué el efecto Warburg y cómo su elegante mecanismo, común a todos los tumores, ha sido despreciado durante casi 90 años.
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Un tipo especial de glucólisis en el cáncer. Un sólo gen implicado

En el anterior artículo expliqué que la célula tumoral ha cambiado su forma de obtener energía, sustituyendo la respiración celular (que emplea oxígeno), por la glucólisis, esto es, fermentación anaeróbica, incluso en situaciones en que hay suficiente oxígeno a su alrededor.

Este mecanismo, base del efecto Warburg, es muy poco eficiente si lo comparamos con la respiración normal. Se requieren enormes cantidades de glucosa para que la célula obtenga la misma cantidad de energía mediante glucólisis que con el proceso respiratorio común.

Se ha descubierto que la glucólisis del efecto Warburg es “diferente” a la que sucede, por ejemplo, en los músculos durante una situación de ausencia de oxígeno, porque sigue un camino bioquímico distinto. Cuando el músculo recibe de nuevo oxígeno, la glucólisis se detiene, pero cuando una célula cancerígena accede de nuevo al oxígeno, puede hacer caso omiso y continuar usando la glucólisis como forma de obtener energía.

La glucólisis “normal” sigue una vía bioquímica denominada Embden-Meyerhof, mientras que en la glucólisis tumoral del efecto Warburg se activa un gen llamado TKTL1, que promueve esta especial forma de obtención de energía mediante fermentación de la glucosa.

Es decir: la mutación de un sólo gen, llamado TKTL1 podría estar detrás del metabolismo tumoral aberrante, no cientos o miles, como la investigación farmacológica actual, centrada en el genoma y las “terapias individualizadas”, preconiza. El efecto Warburg podría estar activado por un sólo “interruptor”.

Implicaciones de la falta de oxígeno y del ácido láctico en la supervivencia del tumor y en la metástasis

El oxígeno es un potente inhibidor del crecimiento, y ya hemos visto, en el artículo anterior de esta serie, que en situaciones de hipoxia se segrega HIF-1alfa, el factor de crecimiento por hipoxia, que desencadena una proliferación celular.

Por tanto, funcionar sin oxígeno permite que la célula se reproduzca velozmente.

Respecto al ácido láctico y explicado de manera sintética: el ácido láctico desechado eleva el ph que rodea al tumor, “disuelve” las membranas de las células sanas y actúa como un activador de la apoptosis (suicidio programado) de dichas células, lo que permite que el tumor tenga más espacio para crecer.

Otra importantísima ventaja: el lactato rodea las células cancerígenas de un escudo ácido que actúa de barrera frente a las células del sistema inmunitario, sobre todo las células NK, o Natural Killers, potentes linfocitos dedicados, entre otras tareas, a neutralizar células cancerígenas.

Con el sistema inmunitario bloqueado; con las células sanas vecinas ‘asesinadas’; con su tendencia a reproducirse debido al HIF-1alfa desencadenado por la hipoxia; con la mitocondria desactivada y, con ella, la célula convertida en inmortal, tenemos un desarrollo exponencial y un diagnóstico: cáncer.

Cuando alguna de esas células protegidas por el lactato alcanza el torrente sanguíneo o linfático, viajará a través de ellos hasta otro órgano donde el tumor fundará una nueva colonia y se habrá establecido una metástasis.

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En una masa tumoral conviven varias “cepas” celulares, pero se distinguen, sobre todo, dos tipos: las células que conservan la capacidad de realizar un metabolismo mitocondrial y aquellas más alejadas de los capilares, realmente hipóxicas, que presentan un acusado efecto Warburg, convierten a toda máquina glucosa en lactato y en las cuales el HIF-1alfa incrementa la proliferación.

Son estas últimas, por tanto, las células más malignas, y desde hace bastante tiempo se ha identificado una relación directa entre hipoxia, niveles de lactato, capacidad de producir metástasis y malignidad. Y, por supuesto, a mayor malignidad peor pronóstico.

Lo que todos los oncólogos saben es que, cuanto más hipóxico sea un tumor (y, por tanto, cuanto mayor sea el nivel de lactato, o ácido láctico, que presente), MAYOR resistencia la radio y la quimio mostrará.

Es decir, aunque parezca increíble: en la mayoría de tumores la quimioterapia mata las células sanas, funciona parcialmente con aquellas células menos agresivas, y resulta casi inofensiva para las realmente malignas.

De esa manera, tras el tratamiento, las células malignas encuentran el camino aún más despejado: el sistema inmunitario ha sido casi barrido por la quimioterapia y las células sanas no están en disposición de resistir sus avances y su proliferación.

El efecto Warburg garantiza que el tumor prosiga su glucólisis y, con ella, el procesamiento de ácido láctico que protege el entorno tumoral, esta vez aún más favorecido por el tratamiento.

La radioterapia y la quimioterapia

En primer lugar, como explicaré en otros artículos, el tumor hipóxico presenta una mayor angiogénesis, es decir, capacidad de desarrollo de nuevos vasos sanguíneos.

Esos vasos sanguíneos tienen como objetivo nutrir a un tumor que presenta enormes necesidades de glucosa y ácido láctico, debido a su metabolismo basado en la glucólisis. Esa angiogénesis se ve favorecida por factores inflamatorios, muy importantes para el tumor, y que trataré también en próximos artículos.

El problema es que esos vasos sanguíneos tienen una estructura aberrante, llena de recovecos y “culos de saco” sin salida.

Constituyen una red muy poco eficiente para hacer llegar la glucosa al tumor pero, a la vez, también impiden el acceso de la quimioterapia allí donde, supuestamente, más beneficio podría aportar.

Además, gran parte de las quimioterapias basan su capacidad citotóxica en generar radicales libres (también llamados ROS, o especies reactivas de oxígeno), pero dichos radicales sólo pueden crearse en presencia de oxígeno, con lo cual las células que viven en ambientes hipóxicos (las realmente malignas) serán resistentes al tratamiento.

La radioterapia basa, igualmente, su estrategia terapéutica en generar radicales libres, pero donde no hay oxígeno no hay posibilidad de producirlos, con lo cual las células malignas hipóxicas sobreviven mientras las sanas mueren.

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La quimioterapia sólo puede aplicarse durante un determinado lapso de tiempo, debido a los efectos secundarios que ejerce sobre el cuerpo sano.

Sólo mata las cepas menos agresivas y no alcanza totalmente a las más peligrosas, por tanto es estadísticamente CASI IMPOSIBLE (digo casi porque luego hablaré de tres tipos de tumor donde sí parece que eso sucede) que la quimioterapia alcance a todas las células malignas, una parte de las cuales sobrevivirá CASI SIEMPRE al tratamiento.

No importa que un tumor se reduzca o incluso parezca desaparecer macroscópicamente. CASI SIEMPRE quedarán células resistentes, justo las más peligrosas que, una vez finalizado el tratamiento, tendrán espacio para crecer en un cuerpo cuyo sistema inmunitario está, además, debilitado.

El resultado es que, frecuentemente, un tumor tratado se reproduce más rápido después del tratamiento y, pese a la aparente reducción de tamaño que puede provocar la quimioterapia, la vida del paciente simplemente se prolonga: a veces considerablemente, otras sólo un poco más que si no hubiera sido tratado, otras incluso menos.

¿En qué casos puede resultar curativa la quimioterapia?
Pues (...) en algunos linfomas y leucemias. De entre los tumores sólidos, (...) en los de testículo.
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FUENTE:
http://cancerintegral.com/el-efecto-warburg-ii-porque-es-imposible-que-la-radio-y-la-quimioterapia-sean-efectivas/#sthash.PbkAl5bj.dpuf

REDACTOR: Alfonso Fernandez
http://cancerintegral.com/el-autor-de-este-blog/
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